Bogotá: la joya emergente de América Latina

Bogotá no es precisamente un lugar que está en la lista de prioridades de un turista brasileño. Sabemos muy poco acerca de nuestros hermanos en el continente. Y Colombia? Cuando uno piensa en Bogotá y Colombia en Brasil, lo que viene a la mente? Las guerrillas, FARC y Shakira. No necesariamente en ese orden, pero así.

Sólo que Colombia es un tema común en mi familia. He oído hablar mucho sobre el cambio de Bogotá en los últimos años dentro de casa. Mi padre se ha ido ahí dos veces. Un amigo suyo, Murilo, que me vio crecer y podría ser mi padrino, ha celebrado dieciocho viajes a Colombia y ha publicado un libro sobre el desarrollo de las ciudades de Bogotá y Medellín, y la experiencia – lenta, pero firme – de ajustar la brecha social a través de la cultura ciudadana, movilidad urbana y una política seria para combatir la delincuencia organizada. Hoy Murilo es secretario de Seguridad Pública de Recife, donde nací, y se espeja en la evolución de las ciudades colombianas para un Brasil mejor.

El tema de las ciudades, la planificación urbana y la calidad de la vida me interesa tanto, y tenía muchas ganas de verlo de cerca. Resulta que fui invitado por la fiesta Mr. Perra a poner música en su cumpleaños. La primera vez que me iba a tocar fuera de Brasil. El empuje era más de lo que necesitaba para enviarme a Bogotá, y trajo también mi amigo fotógrafo Raúl, del I Hate Flash, que ilustra las hermosas fotos de este post.

Durante el viaje me di cuenta de que todos los casos que mencionaba Murilo: el Transmilenio [transporte avanzado, como Curitiba], ampliando las aceras [gente en la calle es sinónimo de seguridad, ya que uno protege al otro], ciclovías [las bicicletas son el vehículo del futuro], el patrullaje [el estado sin vacilar]. Por supuesto que vino Brasil en la mente, y un poco de esperanza. No todo está perdido en el país de todos.

Se observa en Bogotá un optimismo magnífico en sus ciudadanos y la voluntad de cooperar con el gobierno para superar las dificultades. Esto me lleva directamente a Río de Janeiro, el cual pasó por un periodo de oscuridad antes de la UPP. Ahora somos los primeros a respetar el nuestro Río, Los bogotanos hacen lo mismo y ahora viven una nueva relación con la ciudad.

Fueron sólo cuatro días, pero una experiencia clara: Bogotá es amable y muy alegre. Tiene acento muy neutral, musical y fácil de entender. Son eclécticos, de excelente gusto musical – en un corto trayecto en coche navegamos por clásicos como Carlos Vives, salsa, Beatles y Nicolas Jaar. Las noches cierran a las 3 am por la ley, sino que siempre surgirá un after. Son bohemios. Besan bien.

Puedes subir en el teleférico de Montserrat, como si estuvieras en el Pão de Açúcar. Los precios son muy razonables. No es suficiente para ser una ganga como Bolivia, o absurdo como en São Paulo. Se trata de un 30% más barato que el de Brasil. Me sorprendió el hecho de que Ingrid Betancourt sea persona non amada en el país. Me recuerdo de las pesadillas que tuve cuando leí su libro. Me parecía una luchadora.

Bogotá alberga el restaurante-complejo de entretenimiento-club-museo más impresionante del mundo, Andrés Carne de Res. Andrés merece y tendrá un post único con miles de detalles, prepárate. La ciudad cuenta con un hermoso tono de color teja: es la segunda ciudad del mundo con más edificios de este tipo, edificios de ladrillo. Londres es la primera, pero no enmarcada por las espectaculares montañas que abrazan Bogotá y guían la ubicación de los residentes.

Colombia me hizo conectar con la riqueza humana, heredada a través de los valores históricos. Me encantaría participar en algún proyecto que envuelva el universo del nuestro continente. Este viaje rápido me ha aguzado la sensibilidad y la conciencia de que soy una auténtico latinoamericano, a parte de brasileño.

Caio Braz Rio de Janeiro, Brasil, 2013.

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